| La granja escuela El Kiriko promueve una forma de recuperar y aprender la cultura rural |
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La empresa, que da empleo a veintiún trabajadores en temporada alta, contó con el apoyo y con el asesoramiento del programa Emprendedores del Igape.
La iniciativa intenta unir dos perspectivas que ya estaban presentes en los primeros tiempos de la empresa, a través de la orientación laboral de los cuatro socios iniciales, dos matrimonios jóvenes. Por un lado había una clara apuesta por el medio ambiente, el campo afín a Lucrecia y a su pareja, y por otro estaba la educación, la especialidad del otro matrimonio que, según avanzaba el proyecto, prefirió retirarse. La primera fase fue explorar el mercado, visitando algunas granjas escuelas y centros de educación ambiental que ya conocían en Madrid, y entrando en contacto con promotores de otras áreas del estado. Toda esta información les llegaba al principio a través de una consultora. Más adelante, buscando ayudas económicas, conocieron el Igape, y se beneficiaron del servicio de asesoramiento personalizado de sus técnicos. La mayor dificultad que debieron superar, al margen de la financiación, fue encontrar la ubicación más adecuada para su negocio. A lo largo de dos años buscaron un espacio rural con buenos accesos por carretera, no muy alejado de las vías de comunicación principales, y en donde pudieran unificar una finca con una extensión ideal de unos 50.000 m2. Empezaron tratando directamente con particulares, pero cuando localizaban un terreno les resultaba casi imposible contactar con todos sus propietarios, en parte porque a veces muchos de ellos eran emigrantes que llevaban años fuera. Para solucionar ese problema el siguiente paso fue contactar con ayuntamientos, para que les indicasen la disponibilidad de suelo en su territorio. No fue hasta 2003 cuando conocieron el ayuntamiento de Fornelos de Montes, en el sudeste de la provincia de Pontevedra, en donde había una finca con hasta treinta y dos propietarios, la mitad de ellos emigrados. Entre febrero y marzo de ese mismo año comienzan con los trámites burocráticos para comprar los primeros metros cuadrados, financiados con ayudas del propio ayuntamiento y también con un préstamo de alguna entidad financiera. En octubre de ese mismo 2003 ya estaban trabajando en las obras de las instalaciones, principalmente en un edificio de 1.850 m2, con capacidad para 150 personas al día (110 de ellas a pensión completa), y también avanzaron con el proceso de selección de personal, una plantilla que llegaría a sumar hasta veintiuna personas durante las futuras temporadas altas, entre los meses de marzo y octubre. Todo este proceso terminó en junio de 2004, cuando la Granja Escuela El Kiriko abrió sus puertas, con la visita asegurada de unos trescientos niños para ese mismo verano a través de un convenio con una entidad financiera. Una vez que la granja estaba funcionando tuvieron que asimilar el concepto y el ritmo de su negocio. Les costó. Las primeras contabilidades resultaron bastante difíciles, las cuentas tardaban en cuadrar, sus previsiones se iban cumpliendo con lentitud y retraso. Quizás El Kiriko tenía unas tarifas ligeramente más elevadas que las que se ofrecían en el mercado. La realidad no es tan bonita como te la presentan los consultores, explica Lucrecia García. En su opinión, los precios del sector estaban estancados, más bajos de lo que sería necesario para sufragar un servicio de calidad como el que ellos aspiran a dar. El programa de actividades que presenta El Kiriko se asienta sobre tres pilares. Por un lado, durante el curso escolar, entre septiembre y junio, trabajan con colegios y centros educativos, tanto de educación infantil como de primaria e incluso de secundaria. Después, tienen un programa de fines de semana abiertos para que participen adultos, sea en grupos familiares o en grupos de amigos. Por último, durante los meses de verano, funcionan como un campamento. El primero de esos casos, los programas escolares, tiene como objetivo sacar a los chavales de las aulas, dar les las clases en el exterior, y representa una buena parte de la actividad de El Kiriko. El trabajo en esta dirección les permitió crear una cartera de clientes fieles, colegios que repiten su estancia de un año para otro. El trato personalizado sirve para conocer las preferencias de cada centro y atender mejor sus demandas, como pueden ser adaptar los programas al nivel educativo correspondiente o preparar salidas para el inicio del curso, de forma que alumnos y profesores se vayan conociendo en un entorno abierto, favorable. Los programas de fin de semana abiertos para adultos, una incógnita al comienzo, están teniendo una acogida excelente, teniendo en cuenta que eran una iniciativa novedosa dentro del rural gallego. La clave del éxito está en el concepto de turismo rural familiar, en el que padres e hijos comparten actividades, y que también permite realizar a los padres determinadas actividades sabiendo que sus hijos están bien atendidos. El programa de la primavera pasada incluía cursos de iniciación al folclore tradicional, horticultura biológica básica e interpretación ambiental. El público de El Kiriko responde a un perfil bastante heterogéneo. Va gente tanto del ámbito urbano como del medio rural, colegios públicos y colegios privados, e incluso recibieron la visita de una escuela unitaria rural. Como curiosidad, les sorprende recibir tantas visitas de centros educativos orensanos, de la ciudad y de la provincia, hasta en mayor cantidad y con mayor frecuencia que los de la provincia de Pontevedra. Una posible explicación sería la ausencia de otras granjas escuelas en la provincia de Ourense. Su siguiente paso será consolidar la oferta educativa ya existente para zafarse de la presión económica. Quieren fortalecer y diversificar sus actividades, para crear una oferta vinculada a cada estación, de forma que las visitas no sólo se reduzcan a la primavera, sino que se puedan ampliar al otoño y al inverno. Tienen otras ideas, muchas, pero todavía son secreto profesional. |
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| Última actualización ( 30/11/2006 ) |


Santiago, 17 de xullo de 2006. Hace cinco años, en 2001, la veterinaria Lucrecia García andaba a la busca de una salida laboral que le permitiese combinar tres intereses vocacionales: primero su profesión, la veterinaria, después la posibilidad de vivir y trabajar en el mundo rural, y por último la opción de trabajar con y para niños. De estas tres coordenadas nació el proyecto de autoempleo de una granja escuela, materializado en el verano de 2004 con la apertura en Fornelos de Montes (Pontevedra) de la granja El Kiriko. Un proyecto empresarial que aspira a convertirse en un proyecto vital. 