Ecocelta innova en Galicia con la producción y aplicación de abonos ecológicos de calidad PDF
ImageEcocelta consiguió que buena parte de las bodegas pontevedresas dejasen de acudir a Francia para abastecerse. La iniciativa, premiada por varias entidades, nació hace tres años gracias al apoyo del Igape, que además sigue colaborando en la mejora competitiva de la sociedad. Ecocelta invierte en I+D y estudia aplicaciones para el humus de lombriz en campos como la jardinería o la recuperación de suelos degradados por explotaciones de pizarra o incendios forestales

Santiago, 02 de octubre de 2006.- Desde su fundación, en 2003, Ecocelta  consiguió crecer y consolidarse como empresa innovadora, reconocida y pionera en la producción y aplicación  en Galicia de abonos ecológicos elaborados a partir de la cría de lombriz. Esta iniciativa emprendedora, que contó con el apoyo del Igape a través de diversas líneas de ayuda, estudia nuevas posibilidades de mercado referidas a la aplicación de abonos ecológicos en campos como la obtención de patatas de mejor calidad, la recuperación de suelos degrados como consecuencia de los incendios forestales o de la extracción minera.

La vida de Sergio Quiroga Rivero ha dado un vuelco en apenas cinco años. Todavía recuerda el día exacto –“4 de abril de 2001”- que aterrizó en Galicia procedente de Buenos Aires, donde había nacido. Venía a Ponteareas, el pueblo natal de su madre, en un regreso al pasado propiciado por la convulsa situación que se vivía en Argentina. Bajo el brazo, la titulación de ingeniero agrónomo, la ilusión de ejercerla, pero también una certeza: “Trabajar en lo que viniera”. Encontró un resquicio en lo suyo porque el Ayuntamiento de Ponteareas le contrató para realizar el mantenimiento de un parque forestal. Fue entonces cuando empezó a darle vueltas a una idea que ya manejaba en Argentina, la de generar abonos ecológicos de máxima calidad a partir de un tratamiento de residuos respetuoso con el medio ambiente.

Era el embrión de lo que ahora es Ecocelta, primera y única empresa en Galicia que acomete la producción y la aplicación de abonos orgánicos, referencia para otras iniciativas que surgen en otras partes de España y que acuden a Ponteareas a ilustrarse. Ecocelta también es responsable de que buena parte de las bodegas de la zona dejaran de acudir a Francia para abastecerse de abono de calidad.

Aquel empleo en el parque forestal abrió el camino. “Sacábamos eucaliptos para replantar carballos y, claro, se generaban unos residuos que no se aprovechaban. Pedí permiso para llevármelos a una finca y allí los recicle para criar lombrices”, recuerda Sergio Quiroga. Pronto obtuvo un humus de calidad. “Tuve que ponerme a pensar que hacía con él, pero justo en ese momento salió una promoción de cursos para emigrantes retornados que quisieran establecerse por su cuenta, me apunte y en tres meses ya tenía desarrollado un plan de negocio para comercializarlo. Me decían que era una actividad rara, pero logré varias ayudas y contacté con el Igape para solicitar un microcrédito, que me sirvió para comprar un camión y una furgoneta”, apunta Sergio Quiroga.

La experiencia de Ecocelta fue, en muchos aspectos, inédita pues fue la primera firma que se constituyó en la provincia de Pontevedra como Sociedad Limitada Nueva Empresa. En apenas dos días resolvió los trámites y se puso a trabajar. “Nunca había hecho una sociedad, vi que era una posibilidad rápida y con un aporte menor de capital. Era lo que necesitaba. Tenía un par de clientes y trabajaba de manera muy artesanal, pero la poca producción de humus que tenía me la sacaban de las manos y eso me dio energía”.

La venta del producto

Con todo, había mucho por hacer. “Este negocio no es como una cafetería, que la abres y ya te llegan los clientes. Aquí hay que realizar una labor comercial, de márketing, dar producto para que la gente lo pruebe…”. Al menos tenía la certeza de que ofrecía un producto que no existía en Galicia y ese factor diferencial era un punto a favor, un aspecto que tampoco garantizaba el éxito porque la introducción de la lombricultura en Galicia había fracasado cuando Quiroga apenas era un niño. “Aquel auge llegó de Italia – explica- hará unos quince o veinte años y atrapó a mucha gente que hizo inversiones y las perdió. El abono era bueno, pero entonces no existía tanta conciencia por el medio ambiente como ahora y los precios de los abonos químicos eran muy económicos. Fracasó la parte comercial, también”. Ahora el escenario ha cambiado. El humus de lombriz es un abono revalorizado que recicla los residuos orgánicos y con propiedades que ayudan al crecimiento de todo tipo de plantas, es más económico y rentable y además es apto para aquellas explotaciones que tienen el sello de agricultura ecológica.

El producto es apto, pero en Ecocelta han querido dar un paso más y aplicar esa producción para conseguir cerrar un ciclo comercial que es la clave del crecimiento de la empresa y su introducción en el círculo de las grandes bodegas vitivinícolas del sur de Galicia. “Producíamos humus, pero nos dimos cuenta de que en Galicia, al estar tan parceladas las fincas, no se podía aplicar con máquinas, no existían las herramientas adecuadas. Y si había que abonar a mano todo se complicaba y corríamos el peligro de no vender el producto”, explican.

Así que se fueron a Andalucía para tomar nota de cómo esparcen allí el abono. Adaptaron una de las máquinas que se estilan en los latifundios a las necesidades del terreno gallego, de sus viñedos, por ejemplo. “De esta manera el cliente ahorra en mano de obra y nosotros al producir y abonar cerramos la cadena comercial y el desafío de poder producir en cantidad porque el problema de muchas empresas gallegas de lombricultura o compost es que no son estables ante la demanda. Si les piden mucho se quedan sin material y entonces el cliente se va a buscar fuera de Galicia”.

Innovación contra la estacionalidad

Con todo, Ecocelta no da por cumplidos sus desafíos. En apenas tres años ha crecido, llegando ya a una plantilla de siete empleados, pero los ingresos son demasiado estacionales. Octubre es un buen mes para empezar a vender abono, el verano no tanto. Y quieren rentabilizar el trabajo durante todo el año. Solución: I+D.

Ecocelta estudia, con el apoyo del Programa de Mejora Competitiva del Igape, aplicaciones de productos en otras áreas como la jardinería, la tecnología para cultivos intensivos o sustratos para plantas ornamentales, “-que por ejemplo en la zona de O Rosal, los traen de Portugal”. Ecocelta diversifica sus miras, trabaja con el Instituto del Campo de Ourense para conseguir patatas de mayor calidad a menor coste. “Donde antes se empleaban 30.000 kilos de estiercol en una hectárea, ahora vale con 3.000 kilos de nuestro abono por lo que ahorras no sólo en el valor de ese producto sino también en mano de obra y transporte, que es lo que más encarece”, apunta Sergio Quiroga.

Son, estos, nuevos usos para el abono, como el que desde hace año y medio ocupa una línea de investigación conjunta entre Ecocelta y la Universidad de Santiago de Compostela para recuperar con el humus de lombriz los suelos degradados por la extracción de pizarra, un ingenio por el que, con el apoyo del Ayuntamiento de O Barco de Valdeorras, ya se han interesado varias empresas y que puede aplicarse también a aquellos terrenos arrasados por el fuego.

Ecocelta planta, en fin, incluso su propia semilla con charlas y cursos de divulgación a escolares. En suma, iniciativas innovadoras que no han pasado desapercibidas y que le han valido a Ecocelta reconocimientos como el Premio Nuevas Empresas en el último Salón del Emprendedor del Atlántico o el Premio de Innovación Tecnológica Semana Verde de Galicia.

Última actualización ( 15/01/2007 )
 
 
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